“¡Papi no te rompas!”, “¡No quiero que te rompas!” … Es el ruego que, jugando, me hacía mi hija Gemma (Gemma es un nombre ficticio. Una gema es una piedra preciosa, como ella) cuando yo la cogía en brazos y simulaba que eran las ramas de un árbol que se quebraban y lentamente caía al suelo. Esas palabras me acompañan desde el 12 de marzo de 2009, último día en que la vi.
Aquí está la historia… quizá como ella la vivió, quizá con sus palabras:
12 de marzo de 2009, dos horas más tarde
Casi tres años antes, julio de 2006
Algún atardecer de 2008, camino de Barcelona a València
València, madrugada del 6 de setiembre de 2009
Octubre de 2011, excursión a Collserola
En algún momento de 2011 o 2012
Meses y años después de aquel día de marzo de 2009
Diciembre de 2014, en su noveno cumpleaños