No sabría decir exactamente en qué momento fue, o si esa decisión y el convencimiento profundo que implicaba se fue formando poco a poco. ¿Se debía a que había perdido todas mis batallas judiciales y el “Sistema” ganaba? ¿Quizá fue por la constatación de que las personas de la Administración que tenía delante eran inamovibles, y más ante una persona que ya era muy molesta para ellas? ¿Sería porque la familia acogedora de Gemma no entendía de la misma manera que yo lo que es querer a una hija y el odio que me tenían pasaba por encima de todo?
No. Todo lo anterior pasaba, claro. Pero no fue por eso. Para entonces ya conocía yo varias sentencias en las que un juez, al cabo de muchos años, daba la razón a la familia a la que le habían quitado a su hijo. Pero en esa misma sentencia se argumentaba que como habían pasado tantos años y la menor ya estaba integrada en su nueva familia no sería bueno para ella volver con sus padres. Es kafkiano. Ganas el procedimiento, pero pierdes a tu hijo.
Yo llevaba muchos años peleando por todos los medios posibles para recuperar a Gemma, pero el tiempo pasaba sin ningún resultado. Llegué a la conclusión de que su nueva familia era aquella, pero que no renunciaba a explicarle lo que fui en una época muy importante de su vida. Si ahora tenía unos padres acogedores, yo también lo fui y eso es lo que quiero explicarle. Y continué con mi lucha por recuperar el contacto con ella para explicarle que quiero que cuente conmigo en su vida, y yo con ella.