En el cole, algún día de 2012

Hoy hemos hecho un trabajo en el cole para el que había que traer fotos de cuando éramos bebés, recién nacidas. Las he pedido en casa, pero no tenían, me han dado excusas que no acabo de entender. He sido la única en clase que no las ha llevado, así que me he inventado una historia y parece que la profesora se lo ha creído todo. Creo que había hablado con mis papis actuales y le habían explicado las razones por la que yo no tengo esas fotos.

Para ese trabajo también nos pidieron juguetes, o cualquier objeto que nos hiciera mucha ilusión cuando éramos pequeños. Tampoco he podido llevar nada. No tengo nada.

Gemma aprendió a hablar y a andar conmigo. También descubrió los sabores, los olores. Aprendió a nadar con su hermanita Irene un día en el que los tres disfrutábamos en nuestra casa de la piscina. Con nosotros fue al circo por primera vez. También al cine. Incluso tuvo y verbalizó sus primeros sueños. Aprendió sus primeras canciones y también a contar: uno, dos, vuit, mil…

Todos sus juguetes, o su ropa, los tengo yo. No he podido dárselos. No me han dejado dárselos. Tengo su pasado y algún día, si ella quiere, se lo daré. Su entorno actual se ha empeñado en que Gemma nació con tres años, sin pasado. No son conscientes del daño que eso supone.

Saber tu pasado es una necesidad vital. Miles de personas que fueron en su momento bebés robados por el sistema que entonces estaba vigente siguen luchando por conocer sus orígenes, aunque hayan pasado 30, 40 o más años. No lo hacen por deseo de venganza sino movidos por algo muy íntimo que nos cuesta entender a los que no pasamos por esa situación. Seguro que también Gemma, en algún momento de su vida, se preguntará lo mismo. ¿Quiénes fueron mis padres biológicos? ¿Qué habrá sido de ellos? ¿Tengo más hermanos? ¿Dónde y con quién pasé yo los primeros años de mi vida? Yo tengo las respuestas.

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