No entiendo por qué estos señores con los que ya llevo varios días se empeñan en llamarme por mi nombre en castellano cuando hablamos en catalán. Siempre he usado los dos indistintamente, según quien me hablara y ya estaba acostumbrada. También en eso yo era antes una privilegiada ¡tenía dos nombres igual que tenía dos casitas¡ Pero ahora usan sólo uno, parece que reniegan del otro que era más frecuente porque así me llamaban en casa, en el cole…
Algunos amigos de mis papás me llamaban de otras maneras, “bichito”, “petarda” … y a mí eso me encantaba. Los echo de menos…
Cuando me dijeron por primera vez el nombre de la nena recuerdo que me sorprendió, no es un nombre demasiado común por aquí. Enseguida me advirtieron de que, si quería, se lo podía cambiar, al fin y al cabo, sólo tenía cinco meses de edad.
El día que fuimos a recogerla al Centro de menores en el que estaba, la cuidadora había bordado su nombre y lo había enmarcado. Nos dijo que nos daba ese cuadrito, que era lo único que esta nena tenía y que ahora era para nosotros. Si yo albergaba alguna duda sobre cambiarle el nombre o no, se me fue de golpe. Lo único que esta personita tenía era su nombre, ¿cómo iba yo a cambiárselo?
Supe más tarde que Gemma no fue al colegio ese año, lo que quedaba de curso. Todos los protocolos de actuación se pusieron en marcha. Curiosamente los informes reflejaban lo bien que evolucionaba Gemma, dando a entender que iba superando problemas que nunca tuvo. Empezó y siguió durante años tratamiento psicológico. Es increíble y se me hace un nudo en el estómago cada vez que lo recuerdo. Gemma en psicólogos… Los informes reflejaban lo bien que lo hacía la nueva familia, lo mucho que se preocupaban por ella. Al fin y al cabo, conocen bien el mundo de los menores, así que debía ser así. Pero nunca me han querido conocer, no han querido saber nada del pasado de Gemma, algo que cuesta entender. Cualquier padre o madre querría tener toda la información ¿no?
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