Aportación

LO QUE HAY QUE EVITAR

Claudi es una persona de 68 años. Recuerda que el 7 de enero de 1957 unas vecinas  lo llevan al Paseo de Gracia 75, en Barcelona, el Tribunal tutelar de menores. Su madre estaba enferma. Después de varias gestiones lo trasladan a lo que hoy llamaríamos un centro de menores.

Nadie le explicó nada. Él, con 11 años en ese momento, pensó que su madre vendría pronto a buscarlo y continuó haciendo lo de siempre: “estudiar, leer, estarse quieto y callado”.

A mediados de julio de 1958 otra familia lo adopta (“afillar” dice él) y la relación con su madre se acabó para siempre. Como su nueva familia era pobre se tuvo que poner a trabajar enseguida, intentando entender aquello que nadie le explicaba.

Comenta: “… que me encerraran y además sin ninguna explicación considero que es lo peor que me ha pasado en la vida, me dejó fuera de juego, y yo intentaba llevar una vida normal, pensando cómo viviría con mi madre y procurando hacer lo mismo que hubiera hecho con ella…Esta situación me produjo un dolor inmenso.”

Con su madre ya muerta continua: “ … cuando supe que me había estado buscando, me produjo un dolor inmenso y pienso que de haber sabido eso habría actuado de otra manera. Ahora sé que es demasiado tarde para cambiar nada y estoy al final, pero creo que me he pasado la vida esperando, hasta que fui consciente de que nunca más viviría la magia de mi vida con mi madre. Y saber que ella me quería y me buscaba, eso ha sido lo peor.

Cuando le pregunto qué le diría a los responsables de menores hoy en día, me dice: “que escuchen a los pequeños, que no los separen de sus padres, que no los enfrenten con ellos. Que si hace falta algún asistente social para ayudar a las familias que se gasten un poco más en eso. Que no traten a los niños como no existentes o discapacitados. Que siempre puedan tener visitas o reencontrarse con sus padres, ya que para ellos son magia y poesía para su formación como personas completas, que les den el máximo amor.. si no, crearán monstruos y todos lo pagarán.

Y acaba diciendo: “si alguien puede pensar que continuar con mi madre hubiera sido peor, les puedo asegurar que lo que gané con su decisión no creo que compense lo que perdí…”

Y termina: “Con todo mi amor y recuerdo a todos los niños y esperando que sean lo más felices posibles con sus seres que ellos quieren”

Todo lo anterior está extraído de las respuestas a unos cuestionarios que pasamos en uno de los talleres de Aprodeme. Aún recuerdo cómo los ojos tristes, apagados de Claudi se abrieron como platos cuando la abogada le dice que hay una posibilidad de encontrar papeles y explicaciones que lleva buscando toda la vida.

¿Cuántos “Claudis” estaremos creando en estos momentos?…..